martes, 26 de abril de 2011

EL COMERCIO O LA NAUSEA SIN SARTRE

Saludos amigos, gloso para vuestro conocimiento un artículo de César Hildebrant publicado en su semanario "Hildebrant en sus trece", en el que se refiere al hoy mal llmado "Decano del Periodismo Nacional", El Comercio, hoy   Komercio. Terrible lo que pasa con los medios de comunicación que se han convertido en meidos de manipulación.

CÉSAR HILDEBRANDT ANALIZA LA LABOR DE EL COMERCIO


Hace 3 horas
La náusea sin Sartre
(Del Semanario Hildebrandt en sus Trece, 22 de abril de 2011)

Nunca El Comercio llegó a los niveles como en el que ahora, entre borborigmos, se ha sumergido. Interpretar tergiversadamente la noticia en primera plana es algo que sólo perteneció, hasta hace poco, a los pasquines de la dictadura.
No tengo dudas de que Paco Miró Quesada, mi amigo y respetado intelectual, estará pensando en su renuncia. No es posible seguir manchando su nombre mientras simula dirigir un diario que, en realidad, dirigen los corsarios del directorio: Lan-Chile, Graña y Montero, Martha Meier Miró Quesada y todos aquellos que creen que el viejo diario es el buque insignia de una flota dedicada al saqueo de algunas Antillas off shore.
En el 2000 ya El Comercio había dado vergüenza cuando pactó con el fujimorismo luego de que una fiscal mafiosa declarara prescritos los delitos de apropiación ilícita perpetrados por notabilísimos miembros de su plana mayor. Fueron los que recibieron comisiones subrepticias y no declaradas de los proveedores de papel. El canje fue óptimo: la denuncia se archivaba por vencimiento de plazos y, a cambio, El Comercio, publicaría un nauseabundo editorial frente al fraude electoral de la segunda reelección.
Han pasado los años y El Comercio ha empeorado. Ya no es un periódico: es un amasijo de intereses y lealtades al dinero y al poder. No es la derecha de los Antonio ni de los Luis Miró Quesada: es la banda de El Mercurio matando simbólicamente a quienes quieren cambiar, aunque fuese levemente, las cosas. Es un periódico mangoneado por la gerencia de publicidad, escrito por los allegados, corregido por la Confiep, supervisado por el capital chileno y que siempre alegra a las embajadas y a las niñas bien que se portan maravillosamente mal.
El Comercio tiene derecho a tomar partido. Pero lo que está haciendo contraviene el manual más elemental de ese periodismo que ha olvidado por una especie de conveniente demencia senil. En un diario de noticias no se puede mezclar sucesos ocurridos con opiniones ni se puede interpretar perversamente un hecho sólo para congraciarse con las barras bravas.
¿Qué diría don Luis Miró Quesada de la Guerra, él que creyó firmemente en que El Comercio sólo debía ser un diario precisamente para mantener su independencia? Pues no diría nada. Enmudecería, movería la cabeza y se iría de nuevo a descansar.
Esta masacre de la decencia periodística no sólo concierne a El Comercio. En Canal 4, la editora general, Laura Puertas, generalmente disciplinada y hasta dócil, está en la mira de los Beria del conservadurismo. Y, como se sabe, ya botaron a la productora de noticias de Canal N, Patricia Montero, mientras en Perú21 han renunciado los periodistas Oscar Miranda y Daniel Yovera, el que descubriera el asunto Comunicore.
La orden de los nuevos zares y la nueva zarina de El Comercio: no se publicará ninguna noticia que pueda favorecer a Humala y, por simetría, sí todas las noticias (o rumores, o especies sin confirmar) que lo puedan perjudicar. Se entenderá que la campaña implica, como correlato inevitable, que las ondas y las páginas de El Comercio deberán librar una campaña cada vez menos sutil a favor de Keiko Fujimori.
Para enlodar al candidato que pone en dudas, cada vez más tímidas, algunos de los “milagros” del modelo, todo vale. Si Humala dice algo que puede sonar a radical, le dirán que es un Castro encubierto y un Chávez a la vista.
Si se modera, dirán que es un hipócrita. Si se reúne con otros partidos, advertirán que quiere envolver a los incautos. Si presenta a profesionales de prestigio que lo acompañan lo acusarán de parapetarse detrás de algunas personalidades decorativas. Si piensa en los viejos que mendigan, será populista. Si no piensa, será insensible. Si habla de ayuda social, lo definirán como populista. Si quiere subir algunos impuestos, aludirán a la huida del capital extranjero. Si no propone subirlos, le preguntarán que cómo va a hacer entonces para financiar algunas de sus iniciativas.
Y así. Y a veces parece que el señor Humala quiere pagarle a los chantajistas el precio que piden. Aunque lo que pidan sea la abjuración de todo, la rendición sin condiciones, la desaparición de la identidad.
No se trata de ganar las elecciones. García las ganó dos veces y terminará en el trastero de la historia. Se trata de plantear un programa viable que, sin desbaratar la economía ni devolvernos a los tiempos del desorden fiscal y el voluntarismo desfinanciado, enfrente con coraje las monstruosidades de un sistema que trata mal a los pobres, bien a los amigos, muy bien a los corruptos y excepcionalmente mal a los que nos empeñamos en negar. Si se llega al poder aceptando las reglas de PPK y las matonadas de El Comercio la verdad es que habría que pensar si vale la pena tanto esfuerzo.

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