jueves, 14 de abril de 2011

MI CARTA AL PERU

Para la reflexión gloso una Carta colgada en Facebook remitido a mi correo-e por Mariella. Gracias amiga.



Mi carta al Perú

de David Gonzalez Delgado, el Lunes, 11 de abril de 2011 a las 16:35

Querido Perú:

Te escribo esta carta porque necesito pedirte perdón, y lo hago de corazón. Perdón porque llevo desde anoche ofuscado, confundido, enfadado, intentando entender que es lo que había ocurrido. He buscado los culpables de esta situación, analizando los hechos, buscando los precedentes. He intentado a toda costa entender que era lo que nos separaba, por que (una vez más) no podía entenderte, por que te alejabas con furia de mí, de mis deseos de futuro contigo, de lo que deseaba para nosotros. Y por fin, viendo los hechos fríamente, he descubierto con horror que la culpa es mía, siempre ha sido mía, por no entenderte, por no haber querido escucharte.



Porque mientras yo me entusiasmaba con datos como un crecimiento económico del 7% tú sufrías en silencio un 28% de población que vivía en la pobreza sin acceder a parte de esa riqueza que, por derecho, les pertenecía. Porque mientras nuestras élites consolidaban su formación con fantásticos estudios de postgrado en las mejores universidades del mundo tú replicabas que un 7% de la población vivía en las sombras del analfabetismo. Porque mientras nos enorgullecíamos del auge de nuestras exportaciones, de ser los primeros productores de plata del mundo, los segundos de cobre y los quintos de oro, un 14% de la población no solo no tiene acceso al más mínimo porcentaje de esos ingresos, sino que contempla con impotencia como los impuestos que generan esas exportaciones no sirven para facilitarles algo tan básico como el acceso a la luz eléctrica y un 26% ni siquiera puede acceder a un suministro de agua potable.

Celebramos la creación de empleo y la aparición de nuevas y fantásticas franquicias de empresas de alimentación y ropa donde gastar nuestros nuevos sueldos en marcas que antaño nos tenía que traer un familiar de Miami, pero no paramos a pensar en las pésimas condiciones laborales en las que nuestros compatriotas trabajan en estas grandes marcas, sinónimo de progreso, con un sueldo mínimo que a nosotros nos suena a broma, pero que entendemos justo para el que desempeña un trabajo no tan digno como el nuestro, cuando según el INEI sólo el 50,7% de nuestra población se encuentra “adecuadamente empleada”. Ninguno de nosotros ha hecho el servicio militar y hemos pasado de largo delante de una interminable cola de marginados para conseguir en 15 minutos una libreta militar, mientras millones de jóvenes pasan por un servicio militar lleno de humillaciones y oprobio que no aporta nada al Perú.

Hemos sabido exigir justicia y derechos con el puño en alto, colapsando calles, paralizando el país para reclamar lo que era justo, lo nuestro, pero luego hemos mirado hacía otro lado y hemos encogido los hombros cuando otros han hecho lo mismo, y eso cuando no los hemos reprimido entre gases lacrimógenos y balas perdidas para preservar el “respeto a las leyes”.

Hemos vivido durante años ignorando a una enorme mayoría de ciudadanos, despreciándolos sin saberlo, juzgándolos con condescendencia, compadeciéndonos de su ignorancia sin hacer nada por remediarla. Y ellos nos han demostrado con hechos que hay un día cada cuatro años en el que todos somos iguales, en el que todas las opiniones pesan lo mismo, sin importar el trabajo del que la enarbola, ni su cultura, ni sus diplomas, ni sus bienes, simplemente su opinión. Y esa enorme masa ignorada durante siglos ha opinado que no quiere creernos, que no tiene porque. Que prefiere creer a ese desconocido que les asegura que hará un Perú diferente y repartirá mejor el pastel. No les culpo, no pueden recibir menos de lo que les toca ahora. O los que prefieren creer en la hija del único presidente de la República que se paseó durante quince minutos por las calles de arena sin asfaltar de su pueblo joven y construyó un colegio, hoy lleno de grietas, si, pero mucho mejor que el anterior, de paredes de madera y estera levantado con el esfuerzo de los vecinos donde sus hijos repetían de memoria que tenían derecho a una educación. Y les diremos airados que cuatro paredes de mierda no justifican 7000 millones perdidos en la corrupción. Y nos responderán con una risa burlona que es más de lo que han recibido en toda una historia de “honrada” democracia. Y entonces gritaremos que no pueden entregar el control del país a un tirano que amenaza la libertad de expresión. Y ellos encogiéndose de hombros nos contestarán que les da lo mismo, llevan siglos sin que nadie escuche su voz. Y, rabiosos, les diremos que no pueden vender la justicia y la legalidad por el recuerdo de un chino sonriente que les dio un kilo de arroz. Y entonces ellos sentenciarán que para ellos nunca ha habido justicia, pero por lo menos les dieron arroz. Y no sabremos contestarles.

Te pido perdón, Perú, porque no he sabido oírte ni entenderte en todos estos años en los que, una y otra vez, me regalabas una oportunidad para empezar de nuevo, para contar contigo. Te pido perdón porque he querido que fueras lo que yo quería sin aceptar lo que eras. Te pido perdón porque te quiero, porque se que, a pesar de todo, aun nos queda una oportunidad de empezar de nuevo juntos. Porque ahora se que tengo que aceptarte como eres, con esas cosas que me enamoran y las otras que no me gustan, y solo entonces podremos intentar cambiar juntos. Porque por mucho que quiera engañarme buscando otros brazos, otros horizontes, aunque me encoja de hombros y mire hacia otro lado cuando me llames por mi nombre, aunque me repita una y otra vez que nunca volveré a intentarlo, que no volveré a darte otra oportunidad, siempre, tarde o temprano, tengo que volver a encontrarte para reconocer en silencio que sigo enamorado de ti. Démonos todos esa oportunidad de volver a enamorarnos de nuestro país. Un abrazo.

POR FAVOR LES ROGARÍA QUE LA DIFUNDAN A TODOS SUS CONOCIDOS!!!!!

GRACIAS


Mariella Bereche Albirena

Bach. Historia y Gestión Cultural - UDEP

Cel. 073 - 96 9142761 Telef. 073 - 32 1071

o una Carta de Facebook remitido a mi correo-e por Mariella. Gracias amiga.

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